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Conexiones de Sangre

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Conexiones de Sangre

Mensaje por Bethany Hamilton el Jue Dic 01, 2011 10:20 am

Bueno, aquí dejare la novela que estoy escribiendo, me gustaría comenzar diciendo que he tenido gran influencia del genero de libros góticos y sobrenaturales en los últimos tiempos, si bien siempre me dediqué a escribir novelas realistas, el hecho de haber estado leyendo libros como Crónicas Vampíricas, saga Crepúsculo etc. han despertado mi interés por estos y en momentos de inspiración hace ya algún tiempo comencé a escribir algo de lo que actualmente me gusta.

La novela trata de una adaptación del mundo de vampiros y hombres lobo al real, si bien el propio se encuentra oculto a los ojos de los humanos, existe, y nuestra protagonista principal irá pasando por un proceso lento desde humana hasta vampiro, con una historia detrás, con amistades, amores complicados y muchas normas que esta sociedad impone y que al ser en principio humana le cuesta entender. Básicamente eso, espero les guste Very Happy
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Re: Conexiones de Sangre

Mensaje por Bethany Hamilton el Jue Dic 01, 2011 10:21 am

Capítulo 1


La ciudad de “Ocean Beach” era un lugar rodeado principalmente por grandes acantilados junto al extenso océano azul-verdoso; el paisaje era predominantemente verde, con vegetación muy variada, bosques en abundancia y un clima mayoritariamente frío debido a la cercanía con el océano.
El sitio no era muy visitado y el número de habitantes se reducía a unas cuantas personas que se conocían entre si y se mantenía constante, al menos durante los años que he vivido aquí; era un lugar muy tranquilo con escasa delincuencia y si la había, de inmediato se conocía de quién se trataba y la policía de la ciudad se hacía cargo del asunto.

Hace tres años que vivo en esta ciudad, recuerdo que cuando llegué todo me parecía demasiado verde y apagado en contraste con la gran ciudad de la que venía, donde predominaba el ruido y la gran cantidad de turistas, en comparación, esto resultaba un cementerio; pero de a poco fui acostumbrándome al silencio y a la tranquilidad, ya que por ese motivo, mi madre había elegido éste lugar cuando ella y mi padre se divorciaron, cambiando nuestras vidas completamente.
Podía decirse que antes éramos una familia “normal”: papá, mamá, mi hermana y yo. Teníamos nuestros problemas pero estábamos bien, hasta que a mi padre se le ocurrió tener un amorío con su secretaria y lamentablemente mi madre lo descubrió un día en el que llegó temprano de su trabajo y por suerte, mientras nosotras estábamos en el colegio. A partir de ese día todo fue diferente y no solo debido al estrés que pasamos durante el extenso mes de divorcio, sino porque ella dejó de ser la misma.
Antes, solía preocuparse más por nosotras, cumpliendo con su papel de madre ejemplar, pero luego, decidió que si mi padre podía continuar con si vida como si nada ocurriera, ella también tenía derecho a hacerlo, y desde entonces ya ha tenido tres parejas diferentes, de los cuales uno es peor que el otro y los cuales duran muy poco a su lado.
Así que a penas si notaba nuestra existencia, se encontraba tan enfocada en su vida y en su lema de “voy a vivir”, que nosotras solo éramos compañera de casa. Hablando de casa, la nuestra se ubicaba cerca de la ruta, frente a uno de los tantos bosques, había solo unas pocas casas más en esa cuadra y la mayoría de ellas, habitadas por ancianos que a penas salían.
Tenía dos pisos pero pequeña, ya que los ingresos económicos no eran demasiados, sino los suficientes para poder vivir dignamente; teníamos un pequeño jardín con árboles, ¡como si los árboles faltaran en esa ciudad! Y por suerte, no debía compartir habitación con mi hermana ya que eso sería toda una tortura.
Mi hermana tiene 18 años, ella es la típica chica popular, donde vaya se gana ese lugar, como sucedió cuando llegamos a la ciudad, durante la primer semana de clases ya tenía mil amigos, chicos persiguiéndola y formaba parte del equipo de porristas ¡puaj! Era demasiado “Barbie” para mi gusto: delgada, cabello rubio y ondulado sumándole los ojos verdes que heredó de mi padre; y su nombre es Luciana.
Mi nombre es Samantha, tengo 17 años, cabello rubio y liso el cual me llega a la cintura y los ojos de mi madre: demasiado negros para ser verdad. Claro que a diferencia de mi “Barbie-hermana”, no soy popular sino todo lo contrario, soy muy tímida y paso desapercibida en cualquier lugar, razón principal por la que me cuesta adaptarme en sitios nuevos…y no nuevos también, sobre todo en el colegio donde sufrí para lograr encontrar un pequeño espacio donde sentirme en paz.
Como no soy demasiado sociable, y aunque hace tres años que estoy en la ciudad, solo tengo dos amigos: Nicole y Darwin, quien es gay así que sería como si tuviera dos amigas. Si ellos no se hubiesen acercado a mí el primer día de clases, en éste momento seguiría sola, ya que en ese colegio era prácticamente inexistente; es bastante irónico ahora que lo pienso, ya que mi hermana era la señorita “Miss popular”, pero yo prefería no usar sostén con relleno, grandes escotes y un pantalón que me apretujara las piernas corriendo el riesgo de agacharme y que se rompiera; tampoco me gustaba mirarme 20 veces en el espejo antes de salir o gritar como una zorra cuando veía el trasero de algún chico.

Las clases habían comenzado hacía una semana, de modo que nos esperaba un largo año de tareas y torturas, ese era el pensamiento compartido entre mis amigos y yo.
Era lunes, y como de costumbre mi despertador sonó a las 7 de la mañana, odiaba madrugar pero no tenía otra opción; me di un largo baño para despertarme del todo, luego abrí las cortinas de mi ventana, la cuál daba al jardín del frente y desde donde se podía observar los extensos bosques de los alrededores y… ¿Qué rayos hacía ese chico saliendo de la ventana de la habitación de mi hermana? Olvide mencionarlo, ella es toda una zorra, observe al chico mientras trataba torpemente de bajar y casi largo la risa cuando cayó de culo entre las plantas.
Me puse rápidamente el uniforme, el cual consistía en una camisa blanca con el escudo del colegio sobre el bolsillo derecho y una pollera tableada, a cuadros blancos y negros por las rodillas, aunque mi hermana y sus amigas la usaban mucho más corta.
Bajé al comedor a desayunar, al menos mi madre se dignaba a servirlo mientras leía una revista de moda y Luciana se pintaba las uñas de un rosa espantoso.
-Esta noche viene a cenar un amigo, así que compórtense correctamente- dijo mamá.
-¿Un amigo?- Pregunté.
-Si Sam, ¿Cuál es el problema?-
-Todos los meses vienen “amigos”- dije.
-Si no te gusta puedes quedarte en casa de alguna amiga, esta es mi casa y puedo traer a quién yo desee- dijo ella.
-¿Qué amigas? Creo que ya deberías saber que no tiene- dijo Luciana riendo.
-Entonces que duerma afuera, no puedo creer que ya hace tres años que estamos aquí y no logres ser un poco sociable- dijo mirándome.
Esto siempre era así, Luciana se burlaba de mi cada vez que podía y mi madre parecía haberse convertido en una adolescente a la cuál no reimportaba lo que yo pensaba y a veces me decía cosas que dolían, si pudiera escaparme a algún lugar juro que lo haría con gusto.

El colegio era una enorme estructura de ladrillos, la cual se encontraba a unas cuadras de mi casa, por esa razón iba caminando. Estaba rodeado por amplios parques donde los alumnos solían almorzar o quedarse a disfrutar del sol luego de clases (o en el horario de las mismas).
-¡Sam!- Me llamó Nicole desde el otro lado del parque. Era una chica “rellenita” y con cabello rojizo; se encontraba junto a Darwin, un muchacho flaquito, con grandes ojos verdes, a simple vista nadie sospecharía que era gay…pero lo era y mucho.
-¡Ya cambia esa cara de dormida!- dijo Darwin sonriendo y abrazándome.
-¿Qué tomó esta mañana, alcohol?- le dije a Nicole en broma.
-Solo me levanté feliz, deberían disfrutar el sol, el canto de los pajaritos…- dijo él sonriente.
-De verdad Darwin, comienzas a preocuparme- dijo Nicole.
-Son tan aburridas, entremos de una vez para que la profe de mates nos torture con sus números-
La clase estaba conformada por unos 30 alumnos, eran salones de tamaño medio y revestidos de madera. Por suerte mi hermana estaba en el salón de al lado porque si a parte de todo me tocaba soportarla a ella y a sus amigos iba a darme un ataque.
La mañana pasó lenta y aburrida como de costumbre; la única clase que me gustaba era literatura, la profesora se llamaba Luna, era una mujer de unos 40 años, cabello largo y rizado y siempre vestía ropas coloridas y un poco extrañas pero que le deban ese aspecto tan particular y único. Nos dedicábamos a analizar poesía entre otras cosas, y era la hora y media que más disfrutaba aunque yo no hablaba mucho en clase a no ser que me hicieran alguna pregunta directa. Por otro lado la clase que detestaba era gimnasia, teníamos dos veces en la semana junto a la clase de mi hermana por lo cual debía soportar a ese grupo y para peor yo era un desastre jugando juegos de pelota la cual siempre terminaba estampada contra mi cara.

Luego de clases y para no tener que ir a casa a escuchar las quejas de mi madre, aproveché que el sol del mediodía estaba muy agradable y que no hacía tanto frío, tomé mi bicicleta y me fui hacia los acantilados por la ruta.
Solía hacer ese recorrido porque la ruta estaba desierta y pocas veces pasaban vehículos; el paisaje que se observaba desde lo alto de los acantilados era increíblemente hermoso, solo ahí lograba sentirme tranquila y olvidar durante un rato el estrés que tenía en mi vida. Odiaba estar en casa, odiaba no encontrar un lugar en el colegio donde nadie me molestara, odiaba pensar que mi aburrida vida continuaría así por siempre, había veces que me sentía tan sola que quería desaparecer. Pero por lo general trataba de no pensar mucho en eso, tenía a mis amigos con quienes me divertía mucho, pero sabía que si les contaba cómo me sentía de verdad, me dirían que me olvidara y tratara de pasarla bien, ya me sentía demasiado “rara” como para complicarlas cosas. Ni siquiera podía hablar con mi madre, ella estaba demasiado ocupada como para preocuparse de los problemas de su hija adolescente, problemas que para ella solo eran tonterías, mi vida apestaba.
Luego de mi largo paseo, volví a casa, ni bien entré me invadieron olores de comida riquísimos, los que me recordaban a los días en que todo estaba bien y yo tenía una familia, pero ahora ella solo cocinaba de ese modo cuando invitaba a alguno de esos idiotas a cenar.
-Sam, ya que estas ahí, hazme el favor y ayúdame con la mesa- dijo ella. No quería discutir así que hice lo que me pidió y luego subí a bañarme.

Cuando bajé más tarde, ya todos estaban en la mesa y para mi gran sorpresa el “novio” de Luciana, capitán del equipo de futbol y un idiota con todas las letras, no era un chico, ¡el era un Ken!
El “amigo” de mi madre era un hombre grande con cara de mecánico baboso, le faltaba una buena afeitada y pasar por la peluquería, era como estar dentro de un maldito circo.
-Al fin estamos todos- dijo mi madre sonriendo.
-Da lo mismo si Sam está o no…es inexistente- dijo Luciana riendo junto a su “Ken”.
-Está muy rica la comida cariño, ¿No tendrías una cerveza? Muero de sed- dijo el tipo, no podía creer esto, ¿De verdad él le había pedido una cerveza?
-Claro que si, en un momento te la traigo-
-Así que… ¿Qué piensan estudiar luego del colegio?- nos pregunto.
-Yo quiero ser abogada y también me gustaría ser modelo- dijo Luciana con su típica sonrisa egocéntrica.
-Te irá muy bien como modelo, eres una chica muy hermosa- le dijo Ken a Barbie.
-¿Y tú?- me preguntó el hombre.
-Ella es algo antisocial cariño, no le hagas caso si te mira de esa manera- le dijo mi madre.
-Ni siquiera sé cuál es tu nombre, deberías presentarte antes de hacer preguntas estúpidas, tengo 17 años, no tengo idea que es lo que quiero hacer después- dije molesta, él me miró sorprendido ante mi reacción.
-Eres tan desagradable- me dijo Luciana.
-Sam, sube de inmediato a tu habitación, no quiero que sigas arruinando la cena- dijo mi madre.
-¡Da igual! Y “como te llames” no te ilusiones mucho, en un par de semanas ella va a cambiarte por otro- dije y me fui a mi habitación antes de comenzar a llorar. No podía creer que mi propia madre me despreciara por un tipo al que apenas conocía, de Luciana no podía esperar mucho, siempre había sido una perra, le encantaba humillarme delante de sus amigos y ser superior en todo, todas las veces en las que se burlaban de mi ella se sumaba a las risas y decía que no entendía cómo podía tener una hermana tan patética.
Había querido irme a vivir con mi padre, pero él puso mil excusas como por ejemplo que trabajaba mucho y que no disponía de tiempo suficiente para hacerse cargo de mi, aunque yo sabía que la verdad era otra: él no quería hacerse cargo de mi, en el último año a penas si llamaba alguna que otra vez, ni siquiera nos ayudaba económicamente, así que me encontraba atrapada en ese lugar.
Más tarde por la noche mi madre entró en mi habitación muy enojada.
-¿Tenías que comportarte de ese modo, Samantha?-
-¿Cómo?, tengo que soportar que todas las semanas traigas un tipo diferente, ¿No puedes simplemente volver a serla misma de antes?- dije a punto de llorar.
-¡Lo que sucede es que estás celosa! Porque no puedes ser como tu hermana o como yo y por eso no dejas que nadie sea feliz- me gritó. –Es una lástima que tu padre no quiera tenerte con él, porque si fuera así no quitaríamos un gran peso de encima, ¡no es mi culpa que no tengas amigos o que prefieras vivir aislada, yo merezco vivir!- siguió gritando y luego se fue cerrando la puerta con fuerza.
Largué las lágrimas de inmediato, eso realmente había dolido, ¿En qué momento mi madre se había convertido en esto? Ella había sido tan cruel, me sentía tan angustiada que lloré casi toda la noche y lo peor era que esta situación no cambiaría nunca. Tenía tanta rabia que podría haber prendido fuego la habitación entera, y podía hacerlo…así que se sumaba a la lista de mis características “raras”, porque cuando digo que soy rara no me refiero simplemente a ser una chica reprimida y algo antisocial, sino porque si me concentraba lo suficiente podía prender fuego las cosas y eso definitivamente me calificaba como “RARA”.
Claro que nadie sabe sobre esto, si alguien lo supiera seguro me encontraría dentro de algún laboratorio para que experimentaran conmigo, esto era algo que pensaba llevarme a la tumba, ya me sentía demasiado excluida y lo único que quería era una vida relativamente normal.
Todo comenzó cuando tenía 15 años, luego de que mi hermana y su grupito de “porri-zorras” (porristas y zorras) se burlaran Demi delante de todo el colegio cuando me tropecé con una de ellas, me había sentido tan avergonzada que me escondí en el baño durante toda la mañana y esperé a que el colegio quedara vacío para volver a salir. Recuerdo que estaba sentada en uno de os bancos de una plaza cercana llorando y de paso quemando alguno de los arbustos que había a mi lado, bastaba solo con pensarlo y todo comenzaba a arder en llama, lo bueno era que podía detenerlo cuando quisiera y eso me hizo sentir aliviada ya que luego de ver las películas de “Carrie” quedé algo trastornada.
La cuestión era que ni siquiera sabía por qué podía hacerlo y tampoco importaba, solo me hacía sentir mas rara de lo que ya era, al igual que los estúpidos sueños que tengo desde que soy una niña con lugares y personas que nunca he visto en mi vida, entre los cuales y aunque suene muy “loco” habían vampiros y hombres lobos…si…demasiado raro para ser verdad.
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Re: Conexiones de Sangre

Mensaje por iselin el Jue Dic 01, 2011 1:04 pm

está bastnate interesante como lo planteas espero otro capitulo. Very Happy

iselin

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Re: Conexiones de Sangre

Mensaje por Bethany Hamilton el Jue Dic 01, 2011 1:18 pm

Muchas gracias! XD
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Re: Conexiones de Sangre

Mensaje por Bethany Hamilton el Sáb Dic 03, 2011 12:26 pm

Capítulo 2


Dormí tan mal, que por la mañana siguiente no tenía ganas de levantarme, sobre todo al recordar que hoy tocaba clase de gimnasia, ya no sabía cuántas torturas más sería capaz de soportar.
Agradecí que el día estuviera soleado pero frío y me puse sobre el uniforme una campera corta con capucha y los lentes de sol, mis ojos debían verse horribles de tanto llorar y no quería que se dieran cuenta. Para evitar a mi madre y mi hermana me fui sin desayunar; como llegue temprano me dirigí al pequeño bar que se encontraba del otro lado del parque y compré un café, luego caminé hasta el teléfono público donde puse unas monedas, iba a llamar a mi padre y a suplicarle que por favor me sacara de aquí. El teléfono sonó unas seis veces antes de que atendiera.
-Hola papá, soy Sam…-
-Cariño ¿Cómo has estado?-dijo. Me alegré deque no sonara molesto.
-Por eso llamaba…es que no me he estado llevando bien con mamá, ella es muy diferente ahora-
-Han pasado muchas cosas, verás que con el tiempo todo vuelve a la normalidad-
-No lo creo, yo… ¿Puedo irme contigo? Se que estas ocupado, pero no necesito demasiado, lo prometo, solo no quiero estar aquí- dije.
-Sam, ya lo habíamos hablado, no tengo tiempo y paso mucho tiempo viajando-
-No tengo 10 años, puedo cuidarme, solo necesito un lugar donde quedarme-
-Lo siento, es tu madre quién debe ocuparse de ti, se me hace tarde cariño, debo irme, te quiero- dijo y colgó. Apoyé la cabeza en el teléfono tratando de reprimir las lágrimas, linda manera de deshacerse de mi tenía él, tenía que aceptar que las cosas no eran como yo necesitaba que fueran.

Cuando llegué al colegio traté de comportarme normal, no quería que los chicos me hicieran muchas preguntas, pero debido a mi estado no pude evitar que intercambiaran miradas confundidos.
-¿Es una nueva moda?- me dijo Darwin mirándome de arriba abajo.
-No. Es “tuve-una-noche-de-mierda”- dije terminando mi café.
-¿Peleaste con tu hermana?- dijo Nicole.
-Algo así, pero prefiero no hablar, ya tenemos bastante que soportar en gimnasia por hoy-
-¡Mierda! Me había olvidado, acabas de arruinar mi día- dijo ella.
-Podríamos fingir estar enfermos- propuso Darwin.
-¿Los tres? ¡Seguro! Le decimos al profesor que tenemos el período- dijo Nicole irónicamente y tuve que reírme, al menos ellos me hacían olvidar un rato de los problemas.
-¡Por Dios! ¿Qué es eso?- dijo Darwin con la boca abierta, nos giramos para mirar; no éramos los únicos que miraban con la boca abierta, porque bueno…él era todo un bombón, pero no al estilo “Ken”. Era alto y grande, llevaba una remera negra que dejaba claro el físico impresionante que tenía y unos jeans que le quedaban perfectos, su cabello era castaño y espeso y caía sobre su frente y sus ojos eran de un extraño y exótico color verde.
-Que la tierra me trague, ¿De dónde salió ese bombón?- dijo Nicole.
-No sé, pero creo que voy a mearme si sigo mirándolo- dijo Darwin. El chico dirigió una rápida mirada hacia donde nos encontrábamos y luego fue invadido por Luciana y su grupo de zorras.
-Otro más que ha elegido el camino de la perdición- dije. Si existía algún chico lindo en el colegio ellas se encargaban de secuestrarlo y de hacerle un “lavado mental” para transformarlos en sus “Kens”, pero daba igual, los chicos de ese tipo pertenecían a su grupo.

Mientras estábamos en clase de español, deseaba que la hora no pasara más, pero como si la vida estuviese en mi contra pasó más rápido de lo normal y de un momento a otro nos encontrábamos en el maldito gimnasio.
-Esas zorras son como sanguijuelas- dijo Nicole mirando a las porristas alrededor el chico nuevo.
-Bueno muchachos, armemos grupos para jugar pelota- dijo el profesor.
Lo único que quería era salir corriendo, pero me tocó enfrentarme a la cancha y a la pelota, traté de quedarme detrás para evitar a la misma ya que siempre terminaba golpeándome en la cara y mis reflejos claramente eran horribles ¿Es que nadie entendía cuánto odiaba esto? Debería existir alguna ley que prohibiera a los profesores obligar a los alumnos a jugar pelota.
En un momento mi “evitación” no tuvo éxito y justo antes de que la pelota me golpeara en la cara con fuerza, alguien colocó el brazo delante de mí y le pegó, lo miré sorprendida mientras el juego continuaba, él era más lindo de lo normal de cerca y con una piel extrañamente luminosa.
-¿Te encuentras bien?- dijo. Me di cuenta de que tenía que dejar de mirarlo como una idiota y decir algo.
-Ha…si, gracias- dije y quise que la tierra me tragara.
-¡Marcos!- Lo llamaron cuando el partido terminó, él me sonrió y se marchó.
-¿Nos vamos, Sam?- dijo Nicole.
-Parece que te salvaron de un golpe con la pelota- dijo Darwin riendo.
-Parece que a alguien le doy más lástima de lo normal- dije frustrada.

La semana pasó lenta y tormentosa, para pero el sábado era el cumpleaños de mi madre y ya me había avisado que no quería que causara problemas de ningún tipo.
Ese miércoles, luego de clases me instalé en mi habitación ha realizar un trabajo que debía entregar el viernes sobre literatura, como me gustaba mucho la poesía, quise dedicarle el tiempo correspondiente al mismo ya que era uno de los pocos momentos en los que me sentía bien.
Así que ahí me encontraba yo, con un short viejo y una remera grande que usaba para dormir, sentada en la cama y rodeada de libros, cuando él entró en mi habitación y lo quedé mirando como una completa idiota sorprendida, sabía que mi hermana se encontraba con sus amigos abajo y al parecer, él ya era uno de ellos.
-Creo…que éste no es el baño- dijo con una sonrisa divertida.
-No...éste no es- dije, cuando en realidad debí decirle dónde quedaba el baño.
-¿Poesía?- dijo mirando mis libros y sentándose a mi lado, ¿Qué rayos hacía este chico en mi habitación? Seguro Luciana y sus amigos habían hecho alguna apuesta o era otra de sus tantas bromas, como la vez que me hicieron creer que querían que los acompañara a una fiesta y me dieron la dirección de un horrible lugar lleno de borrachos, y al día siguiente todos se reían de mi en el colegio. -¿Sobre qué trata el poema?- dijo.
-Escúchame, creo que abajo te están esperando-dije molesta, no estaba para bromas.
-Lo siento, estoy interrumpiéndote- dijo parándose, esto ya me estaba cansando y no me encontraba de buen humor para aguantar las estúpidas bromas de mi hermana y sus amiguitos.
-No estoy para bromas, se que ustedes se divierten de esa manera, ¿Pero no tienen otra cosa que hacer que molestarme en mi propia casa? Esperen al menos que me encuentre en el colegio- dije estresada mientras él me observaba.
-Crees que esto es para molestarte…no es así, Sam-
-Estás con ellos y verdaderamente tengo demasiados problemas como para soportar sus estupidos jueguitos- dije. Nunca había enfrentado a nadie así, pero es que habían llegado a mi límite.
-Marcos, ¿qué haces aquí?-dijo Luciana confundida, lo que me dio a entender que no se trataba de ninguna broma.
-Creí que era el baño, pero me equivoque, así que aproveché para saludar a tu hermana-
-¿No trató de morderte? Porque es una completa loca- dijo ella riendo como una idiota lo cuál dejaba ver cuánto le atraía Marcos.
-No creo que sea así…te dejo trabajar y lamento haberte interrumpido- me dijo y luego se fue seguido por ella.
Realmente era un alivio que él no estuviera molestándome y muy extraño a la vez, porque claramente alguien como él jamás se interesaría en una chica como yo, muco menos teniendo a disposición a Luciana y sus amigas.

El resto de la semana continuó pasando, él me saludaba cada vez que se cruzaba conmigo ¿Tanta lástima daba? Para peor, las cosas no mejoraron ese sábado; los amigos de mi madre eran del tipo “me encantan las fiestas y el alcohol” por lo que sabía que no podría pegar un ojo en toda la noche, sumándole en que debía estar en dicha fiesta.
Había unas diez personas en la casa, música muy alta, cerveza y comida. Luciana estaba con una de sus amigas conversando y bebiendo cerveza, mientras que yo, me encontraba sentada en un sofá mirando TV aunque no oía nada, pero cualquier cosa era mejor que soportar a esas personas.
-No seas tan antipática, apaga esa televisión y ven a la fiesta- me dijo el novio de mi madre, el cuál ya tenía varias copas encima, lo miré con cara de pocos amigos, odiaba cuando las personas estaban ebrias y se ponían pesadas.
-Estoy bien así…- dije y volví a mirar TV; él la apagó y luego me tomó del brazo levantándome del sofá, claro que me safé y le di un empujón, como estaba ebrio cayó sentado en el sofá.
-¡¿Eres idiota?!- me gritó y todo miraron.
-¡No me vuelvas a tocar!- grité, estos días había juntado tanta rabia que a penas si me quedaba paciencia.
-¡No le grites!- me dijo mamá. –Te dije que no causaras problemas pero parece que eso resulta imposible para ti, permaneces todos los días aislada y cuando quiero celebrar mi cumpleaños apareces para estropearlo todo- dijo.
-No sirves para nada- me dijo Luciana.
-¡Cállate zorra!- le grité y luego miré a mi madre. –Y tú…prefieres pasar tu cumpleaños con todos estos borrachos y éste infeliz que ni siquiera tiene vida, antes de pasar tranquila y con tus hijas, siento que ya no tengo familia- le grité y ella me respondió con una cachetada delante de todos.
-Eres una mala hija, siento mucho ser feliz y que tú no logres conseguirlo- dijo.
Sentía todas las miradas sobre mí, y una mejilla caliente debido al golpe, salí corriendo, tomé mi bicicleta y me fui por la ruta.
Esta había sido la peor humillación de mi vida, y no era el simple hecho de no encajar en ningún lado o que un grupo de de chicos populares se burlara de mi, no podía soportar más mi vida, dolía demasiado que mi madre me hiciera algo así, que mi padre no quisiera que viviera con él y que mi hermana se encargara de hacerme la vida imposible, no era justo.
Llegué al acantilado de siempre, tiré la bicicleta a un costado y me paré en el borde del mismo a llorar desconsoladamente; el viento frío parecía agujas clavándose en mi piel pero todo era mejor que este dolor insoportable, contrarrestaba mi rabia e impotencia. Luego miré hacia abajo, la negrura del inmenso océano y las olas chocando contra las rocas… ¿Y si terminaba con todo esto? Solo bastaba dar un paso y todo mi sufrimiento terminaría; dejé que mis pies quedarán mitad en el aire del borde del acantilado, ahora me encontraba a medio paso de terminar con todo.
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Re: Conexiones de Sangre

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